Columna del Grupo del Archivo de Música

Referencia viva de La otra música

La reciente donación de los archivos del sello Alerce y de su fundador, el locutor y promotor Ricardo García, es uno de los añadidos más importantes que hasta ahora ha recibido el Archivo de Música de la Biblioteca Nacional.

03/08/2016

Fuente: Biblioteca Nacional

«Disco es cultura», recordó durante años un pequeño sello impreso o adherido en la contratapa de los LP de factura chilena. Era un recordatorio elocuente: la música es patrimonio, es memoria, es registro emocional que a futuro puede consultarse como una marca de época, por ligero que en ese momento pueda parecer su contenido. La frase volvió a recordarla en julio pasado el musicólogo Rodrigo Torres en la Sala América de la Biblioteca Nacional, en las palabras con las que destacó la importancia de la donación discográfica más importante que este año recibe el Archivo de Música: el catálogo del sello Alerce y los archivos de su fundador y director, Ricardo García (1929-1990).

«Creo que este acto es un hito relevante por una razón indisolublemente asociada al sentido profundo de la obra de Ricardo García -comentó entonces Torres-: lo que aquí y ahora está ocurriendo, y que se encarna simbólicamente en el cuerpo de esta donación de materiales del sello Alerce, es el ingreso al espacio de las instituciones culturales del Estado chileno de la cultura del disco y de la radio desarrollada por más de ochenta años en nuestro país […]. Justamente eso es lo que en este acto de homenaje a Ricardo García se revela como un hecho importante y vital: el reconocimiento del disco como cultura, y de los discos de nuestra cultura, como es el caso de la colección del sello Alerce, los valiosos discos de "La otra música" que él promovió y grabó».

Hoy que tanto se analiza la importancia de la actividad «independiente» en el desarrollo de la música chilena aliada a internet, viene bien recordar que Alerce fue ya hace cuarenta años un sello ejemplar en el trabajo discográfico por fuera de las etiquetas multinacionales. Forjó un catálogo de referencia, estableció puentes sólidos con el extranjero para importación y distribución de cintas, se proyectó a través de festivales y encuentros autoconvocados y autoproducidos, introdujo nombres que trascendieron su época, y fue capaz de hacer distintiva una identidad en la curatoría, promoción y proyección de toda esa enorme labor.

Si todo lo anterior ya es meritorio para cualquier pequeña empresa de capitales privados y vocación cultural, las circunstancias en las que Alerce debió trabajar convierten su historia inicial en una gesta. El sello debutó en plena dictadura (los discos "Tierra de alerces", del grupo Chamal, y "Ortiga", de Ortiga, fueron sus dos primeras publicaciones, ambas en 1976), con una infraestructura limitada a una oficina en un subterráneo, una máquina de escribir y una lámpara; y consiguió desarrollarse y fortalecerse pese al sinfín de cortapisas que a su actividad le impuso una administración cívico-militar que hizo de la censura norma cotidiana. El hito más absurdo en esa sucesión de intentos de silenciamiento está en los tres días que Ricardo García debió pasar en en la Penitenciaría de Santiago por la supuesta vulneración de la Ley de Seguridad Interior del Estado. ¿Su delito? Internar al país 1.035 cassettes de músicos chilenos, cubanos y mexicanos que un informe de la CNI describió de este modo: «Como tres de las cajas se encontraban abiertas y en malas condiciones, se pudo constatar que contenían música conflictiva […]. En los temas de Quilapayún no está ausente el odio y el marxismo».

Si se ordenara la historia de los sellos independientes chilenos -que, pese a la instalación contemporánea del concepto, está intrincada a los albores de la industria discográfica nacional, pues el inmigrante ruso Efraín Band ya prensaba discos en su casa de calle San Isidro para Fonografía Artística ¡en 1902!- Alerce destacaría como la etiqueta que más riesgos materiales y personales debió correr para poder desarrollar su trabajo. Escribió el propio Ricardo García:

"Las sucesivas prohibiciones de los espectáculos Alerce, los intentos de lograr que las fábricas se negaran a prensar los discos y las acusaciones de carácter político solamente lograron frenar el desarrollo de Alerce como empresa, pero su tarea de rescate cultural, su aporte en el medio cultural, se hicieron sentir y alentaron la conquista de espacios de libertad para el canto popular, para la canción contestataria y marginal, retomando las raíces que la atan a la lucha de nuestro pueblo."

Con la donación de su catálogo al Archivo de Música, por lo tanto, se entrega para cuidado institucional y consulta pública un legado histórico que, como pocos, nos habla de su tiempo. Esto incluye, entre otros materiales, masters de discos de Congreso, Sol y Lluvia y el uruguayo Alfredo Zitarrosa; sesiones de fotos promocionales de cantautores como Eduardo Peralta; afiches de bandas rockeras ya desaparecidas, como Mandrácula y Los Morton, y cientos de cassettes asociables a la Nueva Trova Cubana, el Canto Nuevo y la cantautoría chilena en el exilio, los tres géneros -aunque no los únicos- que Alerce mejor cubrió. Es historia cercana y viva, que no se lee sino que suena. Referencias para el oído y la memoria emocional.

Marisol García

Recursos adicionales

Materias: Documentos - Música
Palabras clave: Sello Alerce - Ricardo García
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