Este bendito yo por Thomas Harris

Literatura, miradas y tauromaquia

En esta entrega,Thomas Harris, poeta y jefe del Archivo de Referencias Críticas de la Biblioteca Nacional, nos habla de la ética del escritor.

30/05/2016

Fuente: Biblioteca Nacional

Sigo creyendo que una de las actitudes y funciones -si existe eso- de un escritor, máxime si es poeta, es ser una voz que enuncie y denuncie el descontento tanto del sujeto como de la sociedad en que le tocó vivir dado que en cualquiera no somos felices, vivimos enajenados y bajo estructuras disímiles -líquidas, algunas, y otras demasiado opacas de Poder- y distamos bastante del Paraíso -o paraísos- que nos gustaría habitar y la palabra Utopía ya tiene un sesgo ni siquiera sospechoso, sino de caducidad, o, como quieren muchos de aquellos que la vivieron -o su proyecto- por allá por los años 60 la denostan, las sientan como Rimbaud a la Belleza sobre sus rodillas y le dan palmadas en el traste. El "malestar de la cultura" no es sólo una frase o un concepto construido por Freud en su célebre (espero) libro al respecto, sino un síntoma que no remite sino más bien se incrementa en estos tiempos de posmodernidad neoliberal y déspota. Desde que escribo esta columna -y otras textos desde mi facebook personal- y como estas por el medio en que se publican tienen la modalidad escritural de aquella red social, y como dijo también por los años sesenta Marchall Mac Luhan "el medio es el mensaje" -o el "masaje"- uno aunque trate de acercarse más a la escritura más convencional que aparece en un periódico "análogo" como se diría ahora, no resulta, dado que el medio se va construyendo en la escritura y su materialidad misma es el "mensaje". Y acá regreso al comienzo que planteaba que la ética y la moral también de un escritor, de un poeta, es digamos poner el dedo en la llaga -lo que no descarta también a veces atisbar hacia la belleza- acá en este medio en el cual tú puedes ver incluso hasta las respuestas de los lectores, aunque siguen por menos para mí tan o más abstractos como siempre -siguen distantes y más aún porque ahora son electrónicos- en forma inmediata -esa es una de las pertinencias de facebook- obtienes críticas -y esto sí que es notable- no especializadas como en un periódico de papel, sino del lector que, aunque insisto de dudosa existencia- se aparece con más ímpetu y presencia. Y lo que me he dado cuenta es que a estos lectores -o a la mayoría que deja sus comentarios- no les gusta la mirada que les puede perturbar su plácido cotidiano y no quieren que le amarguen la vida ya sea el poeta u otro tipo de escritor. Además por el medio en cuestión se identifica todo lo que uno escribo con tu "realidad", como si no existiera en cualquier medio -supongo- una distancia entre quien escribe en su, bueno ahora laptop- y quien vive una vida que tal vez se distancia en muchos aspectos de sus textos que siempre son "mediación", ya sea por ironía, retórica, ficcionalización, etcétera. La moda escritural de una supuesta existencia de una "no ficción" ha embaucado a muchos, demasiados lectores "inocentes" en su práctica lectora. Sé que el asunto se ha puesto más confuso con esto de la "no ficción" más que de la lúdica práctica de literatura apócrifa. Igual, a veces, sientes que tienes que escribir como si se caminara sobre cáscaras de huevo, lo peor. Recuerdo un texto que ha sido un compañero permanente en mi vida, la biografía de Michel Leiris, el poeta surrealista de comienzos del siglo pasado, amigo de Bataille y tantos otros que supieron poner el dedo en heridas muy profundas del Ser, "Edad de hombre". El texto es descarnado, no oculta nada o casi nada, o enmascara desenmascarando; exhibe sin ser exhibicionista; atisba, sin ser voyerista, y muestra el dolor y el desamparo sin rasgar vestiduras ni caer en el matiriologio personal, como es tan fácil a veces cuando se trabaja con tu vida y más aun con tu vida erótica. En su Introducción, que fue la que me llevó al libro, publicada por los años 70 por esa espléndida colección de Tusquest, Los Heterodoxos, llamada "La literatura considerada como una tauromaquia" Leiris expone su poética: la poesía, dice, (parafraseo) debe ser practicada como una tauromaquia, como en una corrida de toros, donde el poeta, tal torero, se expone al cuerno de la bestia. La literatura tal cuerno de toro: exposición en ambos sentidos del término: no se puede escribir sin exponerse: exponerse a sí mismo hasta el límite infranqueable de lo indecible y saber como el torero esquivar con técnicas propias la cornada mortal; y esto que te lleva a la exposición del Otro. "You! Hipocrite Lecteur! -Mon semblable, -mon frere", como decía Baudelaire en su poema "Al lector", quizá anticipándose a lo que más adelante, ya en el siglo XX, en pleno período del existencialismo, Sartre afirmaría en su obra dramática "A puerta cerrada" que el verdadero infierno son los otros ("L'enfer, c'est les autres") , la mirada del Otro que te hace ser o te juzga en tanto "ser". Y para terminar regreso a Leiris, en un fragmento de "La literatura considerada como una tauromaquia", donde expone parte de su "método" de estar en "exposición" y vivir esquivando la cornada del toro: De un modo general, puede decirse que la regla tauromáquica persigue una finalidad esencial: además de obligar al hombre a exponerse seriamente al peligro (armándolo, al mismo tiempo, de una técnica indispensable), a no deshacerse de cualquier modo de su adversario, impide que el combate sea una simple carnicería. Tan puntillosa como un ritual, presenta un aspecto táctico (poner al animal en condiciones de recibir la estocada, sin haberlo fatigado, no obstante, más de lo necesario), pero también un aspecto estético: su actitud tendrá esa arrogancia sólo en la medida en que el hombre "se perfile" como es debido en el momento de dar su estocada; y también sólo en la medida en que sus pies permanezcan inmóviles durante el transcurso de una serie de pases, exactamente ejecutados, con la capa moviéndose lentamente, formará con el animal ese compuesto prestigioso en que hombre, paño y pesada masa dotada de cuernos parecen unidos unos a otros por obra de un juego de influencias recíprocas. Todo contribuye, en suma, a imprimir carácter escultural al enfrentamiento del toro y del torero.

Recursos adicionales

Materias: Literatura
Palabras clave: Thomas Harris
readspeaker