Este bendito yo por Thomas Harris

Elegía a esos otoños

En su entrega de hoy,Thomas Harris, poeta y jefe del Archivo de Referencias Críticas de la Biblioteca Nacional, escribe motivado por la estación que comienza.

24/03/2016

Fuente: Biblioteca Nacional

Ha llegado, aunque apenas se respire en el aire un poco más frío, el equinoccio de otoño a nuestro hemisferio, en el sur del Mundo, este 21 de marzo. Antes, cuando salía de mi departamento, no tantos años atrás, pisaba las hojas enrojecidas que poco a poco iban tirando a pardo, y crujían bajo mis pies como una alfombra que te daba la naturaleza que aun recordaba que existía algo así como la naturaleza, en la ciudad. Y todo en la ciudad cambiaba, y ya la ropa era menos ligera, pero algo hacía más grácil y más frágil y más evocativo el semblante de las calles y las gentes. Era como sentir el poema "Otoño" de Octavio Paz en el aire: "En llamas, en otoños incendiados, / arde a veces mi corazón,/ puro y solo. El viento lo despierta,/ Toca su centro y lo suspende/ en luz que sonríe para nadie:/ ¡cuánta belleza suelta!", disgregándose camino a la Biblioteca Nacional, por el parque Forestal, o a la salida del Normandie, donde quizá estuviesen exhibiendo "Cuento de Otoño" de Éric Rohmer, donde toda la luz era otoñal, en la campiña francesa, una luz que rimaba con el amor otoñal, en un viñedo desde donde surgía un vino rojo, como los crepúsculos cuando mueren las hojas. Hojas muertas que con sus cadáveres vegetales permiten que siga el ciclo de la vida, cuando se transforman en humus y se hunden en la tierra por sí solas nutriéndola, y emerge, de lo más profundo de la ciudad, ese olor que parece más intenso y erótico que el de la primavera. "Hojas muertas" de la canción que me evoca -y a los más viejos, supongo- Ives Montand, que escribió Jaques Prévert: "Oh! Me gustaría tanto que te acordaras/ De los días felices en que éramos amigos/ Por aquel entonces la vida era más bella/ y el sol más brillante que hoy en día/ Las hojas muertas se amontonaban a raudales/ Ves, no he olvidado…". Quizá el otoño sea la estación del recuerdo, del despuntar de los recuerdos en una esquina reencontrada por azar, caminando sin rumbo por la ciudad, y como en los poemas surrealistas, uno se encontraba por el "Azar objetivo", con Nadja, con la Maga, crepusculares y otoñales, quizá ya muchachas extintas, como sus gustos musicales, el jazz, y cinematográficos, "El acorazado Potemkin", y sus lecturas, Cortázar, Camus, Boris Vian. ¿También cierto tipo de chicas se extinguen, como se está, parece, extinguiendo el otoño, tal como lo sentíamos el siglo pasado? "La espuma de los días". Rubén Darío, que tanto sabía de estos sentimientos, escribió "Autumnal", o sea otoñal, latinizando la estación más dulce y melancólica del año: "En las pálidas tardes/ yerran nubes tranquilas/ en el azul: en las ardientes manos/ se posan las cabezas pensativas./ ¡Ah los suspiros! ¡Ah los dulces sueños!/ ¡Ah! Las tristeza íntimas/ Ah! El polvo de oro que en el aire flota,/ tras cuyas ondas trémulas se miran/ los ojos tiernos y húmedos,/ las bocas inundadas de sonrisas/ las crespas cabelleras/ y los dedos de rosa que acarician!". No creo que sea siutiquería decir que en el otoño todo se iba impregnando de poesía, de poesía en el sentido que el mundo rima y ritma, se hace imagen y esa imagen nos transmite un estado de ánimo universal. Recuerdo un breve poema de un muchacho de 23 años, que escribió durante los años 80, después de oficiar de "flaneur" en la plaza de Concepción, con algo de vino triste en el cuerpo, porque el otoño le daba sed. Se titula "Plaza": "La plaza ha de llenarse/ de muchachas liceanas/ Frágilmente eróticas/ penetradas por el otoño/ Hojas azules/ que los ojos recogen,/ agitados". Ahora el otoño se demora o, definitivamente se extingue. Esperemos que no la poesía que el otoño ha producido, o que estemos en el otoño de la poesía, como en el Otoño del Patriarca, pero no ese, o por hacer un juego de palabras, el otoño de Petrarca. He recordado algunos poemas, algunas canciones, algunas películas sobre el otoño o que me evocan el otoño. Y algunas muchachas pretéritas. Ojalá nada de eso se extinga. Cada uno con su poema, con su recuerdo, con su chica de otoño, de esos otros otoños. En fin, termino con una de las canciones otoñales que más me gustan, "Canción de otoño" de Juan Luis Perales, con una estrofa tan simple, que conmueve y murmura -por lo menos a mí- y me trae todos los otoños vividos y este que se demora, pero espero que llegue, para caminar por la alfombra serpia de las hojas muertas: "Cómo arrastra el viento aquellas hojas,/ cómo llueve hoy /y que torpe vuela por el cielo/ ese gorrión. /Se han quedado mudos esos nidos/ de golondrinas/ y sentado al borde de la noche/ te recuerdo hoy".

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Materias: Cine y vídeo - Literatura
Palabras clave: Thomas Harris
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